En cada mochila está el pensamiento de la mujer indígena

publicado a la‎(s)‎ 23 ene. 2015 16:26 por PRO Sierra

Escrito por Juana Londoño, Fundación Pro Sierra Nevada de Santa Marta

Las Wiwa tejen mochilas principalmente de algodón y de fique que extraen de las matas de maguey, aunque también tejen con hilos de color. Para las mochilas de fique se corta la hoja, después se le quita la corteza raspando con una macana y una tabla, este trabajo así como el corte lo hace el hombre. Una vez el fique está seco, las mujeres se encargan de torcerlo por medio de la carrumba o ma-nualmente para obtener la fibra o el hilo. Para darle color se tiñe con cortezas de madera, hojas y raíces que dan los diferentes tonos. El uso de estos tintes tradicionalmente es exclusivo de las mayores.

La elaboración de la mochila, especialmente la de fique, tiene un proceso que involucra a la pareja. “Todo conocimiento tiene un orden y una disciplina, todas las clases de tejidos un valor y una significación, por eso al aprender la técnica se aprende un consejo, unos comportamientos. No se teje por tejer. Anteriormente los padres y madres tenían la responsabilidad de dar esas orientaciones, por eso debe continuar la enseñanza de los tejidos desde la familia”. Plan Educativo Wiwa

Las mochilas se tejen de diferentes tamaños, las que son para cargar la leña o los alimentos que se llevan a la casa son mochilas de fique grandes y se tejen con hilo grueso, las mochilas pequeñas que se tejen tanto en fique como en algodón son para cargar los objetos persona-les y las más pequeñas son para guardar objetos sagrados. Existe una especie de fique que solamente se utiliza para tejer durante el matrimonio y tiene también un momento y un lugar para sembrarse y recoger la hoja de donde se extrae la fibra. El hombre cuando es adulto lleva dos mochilas de forma terciada, una de fique y otra de algodón o de lana. Las mujeres llevan una mochila de fique que se cargan en la cabeza. A los niños desde que empiezan a caminar les tejen una mochila de fique que al igual que los hombres la llevan terciada. Las niñas a partir de los 8 años empiezan a tejerlas. En cada mochila se deja el pensamiento de la mujer mientras la teje, por esto para venderla es necesario hacerle un trabajo para recoger el pensamiento que esta ahí, para que se vaya como un objeto material y no se lleve con ella ese pensamiento.
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